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Por Ralph Rewes
Las manifestaciones religiosas de los shitas en Iraquía nos dieron una visión muy clara del pensamiento extremista que tiene a los pobres árabes tan embrutecidos, que si caen en cuatro patas, comen hierba.
En primera, al verlos flagelarse uno puede entender un poco sus relaciones con Sadam Juseín. Éste era un sádico, y los shitas son unos masoquistas de apaga y vámonos. Así los vimos dándose latigazos con la misma pasión que otros se masturban (que sería una mejor manera de pasar el tiempo, por supuesto).
Después los vimos clamando por una dictadura religiosa o teocracia (palabra muy irreverente en realidad, porque culpan a su dios de la brutalidad que toda tiranía representa). Pero ¿qué se puede esperar de gente que tienen que tirarse en cuatro patas cinco veces al día y cumplir con una serie de reglas absurdas u obsoletas que les ocupa casi todo el día. ¿Cómo se les puede pedir a estas gentes que tengan tiempo para pensar? Imposible.
Si no tienes a un shita cerca, pues analiza a cualquier cristiano fundamentalista, de esos que siempre andan con el libraco en la mano acotando pensamientos ajenos, porque carecen de pensamientos propios y entenderán lo que digo. No hay tiempo para pensar cuando uno se fanatiza. También es aplicable a los idiotas mayores que en lugar de biblía llevan el Capital de Marx, que unas 35 personas habrán leído completa, porque libro más aburrido ni la lista de Fulano engendró a Mengano, etc..
La diferencia entre esas tres religiones llevadas al extremo, el islamismo, el cristianismo y el comunismo es paradójicamente parecida.
Por ejemplo, los cristianos creen que cuando se mueran van a ir a un cielo, pero no saben cómo describirlo. Y empeñan su vida por algo que no saben a ciencia cierto lo que es. (A mí, en particular, me aterrorizaría pensar que el cielo fuera un lugar donde uno se sentara en nubes, oyendo todo el día a 144,000 testigos de Jehová, por ejemplo, leyendo pasajes de los biblía por toda una eternidad. "Josú," como diría mi amigo Paco, "que eso es un infierno."
La creencia de los musulmanes es más digna de un profundo análisis sicológico. Eso de que no pueden tener placeres en la tierra, pero que en el cielo de ellos, se pueden emborrachar como perros, comer lechón asado hasta reventar y tener todas las mujeres o jovencitos que deseen, vamos, es como para escribir volúmenes sobre represión mental.
El premio a la mentecatería ideológica, no obstante se lo llevan los marxistas. Éstos dicen que no hay dios ni cielo. Que cuando se mueran se jodieron, pero se les pide que vivan una vida de miseria y sacrificios, y hasta arriesgar esa única vida en guerras de guerrillas estúpidas para beneficio de líderes mesiánicos.
Vamos, ¡cuán ingenuo puede ser el ser humano!
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