El porqué algunos cristianos desean que «Dios» se ponga en los más vulgares e inapropiados lugares va más allá de mi comprensión.
Primero, porque el segundo de los diez mandamientos muy claramente dice que uno no debe coger el nombre de Dios en vano, es decir, para el trajín.
Eso hubiera sido suficiente. Pero, parece que no lo es.
Hay que poner «Dios» en las divisas. Consecuentemente, es un diario trajín que la gente pague con «Dios» cosas tan blasfemas (en el criterio cristiano) como los servicios de una prostituta, de un chulo, de expendedores de narcóticos, de «mecánicos» a sueldo, o fomentar economías corruptas de efectivos. O los adictos a los narcóticos compran con el nombre de «Dios» marihuana, cocaína, heroína, éxtasis y cuantas cosas más.
Es más, como patriota, objeto como ofensivo el hecho de que se imprima la efigie de grandes hombres, en un papel (muy elaborado) que a menudo se ve manchado con sangre inocente.
Usar a «Dios» para propósitos políticos es más deleznable. Y pudiera decirse hasta peligroso. Me pregunto si pudiera existir una correlación entre aquellos que ofenden la idea de «Dios» y el mal uso egoísta que le dan a ese nombre. ¿Tuvo que ver el colapso de Nazismo con aquella famosa frase de «Gott ist mit uns» (Dios está con nosotros)? ¿Tiene que ver el vergonzoso atraso de la cultura moderna árabe con el uso y abuso del nombre de Alá, adjudicándole a sus poderes las peores monstruosidades?
¡Quién sabe! Pero si existe Dios, no debe estar muy contento con estos «seguidores», seguro.»