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EL GALLO Y LA PERLA
Un gallo que se pavoneaba entre sus gallinas, se fijó que había algo brillante entre el heno. «Oh, oh,» se dijo. «Eso es mío.» Y comenzó a escarbar hasta encontrar lo que había debajo, nada menos que una perla que alguien había perdido en el patio. El gallo la miró con desgano y le dijo: «Tú tendrás valor para los hombres, pero yo prefiero un grano de avena que una perla.»
Las cosas valiosas son para los que las saben apreciar.
EL LOBO Y EL CORDERO
Había una vez un lobo que estaba bebiendo agua de un arroyo que corría de un promontorio, pero al levantar la vista, vio que corriente abajo había un corderillo que empezaba a beber también. «¡Mi comida!» pensó el lobo y le gritó al corderillo:
¿Qué haces tú ensuciándome el agua que voy a tomar?
Imposible, señor, porque el agua corre de allá hacia acá.
Entonces fuiste tú el que me insultó el año pasado.
Imposible, señor. Yo nada más tengo seis meses de edad.
¡Me importa un bledo! Si no fuiste tú, seguro que fue tu padre.
Y le fue para arriba y se lo zampó.
Cualquier excusa le sirve a un tirano.
EL PERRO Y SU SOMBRA
Íbase un perro con un trozo de carne en la boca camino de la casa cuando al pasar por la tabla que le servía de puente sobre un arroyo, miró las aguas y al ver su reflejo pensó que era otro perro con otro pedazo de carne en la boca. «Tengo que coger ese otro pedazo,» pensó, pero al amenazar su reflejo, la carne que traía en la boca cayó al arroyo y las aguas se la llevaron.
Cuídate de no perder la sustancia, tratando de agarrar su sombra.
LA TAJADA DEL LEÓN
Un día, el León se fue a cazar con el Zorro, el Chacal y el Lobo. Cazaron y cazaron hasta que sorprendieron desprevenido a un venado y lo mataron. Entonces surgió la cuestión de cómo iban a dividirse los despojos y el León se erigió en árbitro:
Un cuarto de este venado es mío, rugió, y todos pelaron al venado y lo descuartizaron en cuatro partes. Entonces, el León se paró frente a las partes y dijo:
La primera cuarta parte era para mí por mi capacidad de Rey de las Bestias, la segunda parte me pertenece por ser árbitro; la tercera parte por mi participación en la caza y la cuarta, porque a ver si alguno de ustedes se atreve a quitármela.
Vamos, hombre gruñó el Zorra alejándose con el rabo entre las piernas así que el que comparte los trabajos con los grandes nunca participa de las tajadas.
EL LOBO Y LA GRULLA
Un lobo se hartaba de un animal que había cazado, cuando una astilla de hueso se le atravesó en la garganta y no podía sacársela. Sentía un terrible dolor en la garganta y corría de un lado para otro pidiendo ayuda. A todos les prometía «Les doy cualquier cosa si me ayudan.»
Por fin una grulla se dispuso a ayudarlo. «Tírate al suelo y abre bien la boca,» le dijo. La grulla metió su largo cuello dentro de las fauces del lobo, y con su pico aflojó la astilla de hueso hasta que la logró sacar.
Bueno, ahora ¿me vas a dar la recompensa prometida? preguntó la grulla.
¿Recompensa? Alégrate de haber metido tu cabeza en la boca del lobo y contar el cuento. Ésa es suficiente recompensa.
La arrogancia y la gratitud no son amigas.
EL HOMBRE Y LA SERPIENTE
El hijo de un Campesino le pisó el rabo a una Serpiente, ésta lo mordió envenenándolo fatalmente. El padre en un ataque de rabia, agarró un hacha y se fue en busca de la Serpiente y le cortó el rabo. La Serpiente escapó y, en venganza, comenzó a morder las reses del Campesino, matándolas y causándole terribles pérdidas. Entonces, el Campesino pensó si no sería mejor hacer las paces con la Serpiente. Le llevó comida y miel y le dijo:
Olvidémonos y perdonémonos. A lo mejor tuviste razón al vengarte de mi hijo y de mí, y yo también tenía razón al vengar a mi hijo. Ahora estamos en paz ¿podemos ser amigos?
De eso, nada dijo la Serpiente Ni tú vas a olvidar la muerte de tu hijo, ni yo la pérdida de mi rabo.
Las heridas se pueden perdonar, pero no se olvidan.
EL RATÓN DE CAMPO Y EL RATÓN DE CIUDAD
Óyeme esta historia del Ratón de Ciudad que una vez fue a visitar al primo que vivía en el campo. El Ratón de Campo era fuerte y diligente, y como quería mucho a su primo le dio una gran bienvenida con frijoles y tocino, queso y pan, era todo lo que tenía pero se lo dio con voluntad. El Ratón de Ciudad levantó su nariz con desdén y le dijo:
No comprendo, primo, cómo puedes comer esto, claro qué se puede esperar, si vives en el campo. Ven conmigo a la ciudad, que te voy a enseñar lo que es vida.
Y al dicho, el hecho, los dos ratones partieron hacia la ciudad y llegaron tarde en la noche a la casa del Ratón de Ciudad.
Querrás comer algo después de tan largo viaje, le dijo cortés y se lo llevó al gran comedor, donde encontraron las sobras de un gran festín. Ambos se engullían grandes porciones de dulces y pasteles y de otras cosas exquisitas.
Cuando de pronto se oyeron unos horrendos gruñidos.
¿Qué es eso? preguntó el Ratón de Campo.
No te preocupes. Son los perros de la casa.
¿Los perros? A mí esa música no me gusta de fondo para mi comida.
En ese momento se abrieron las puertas y entraron ladrando los mastines que eran enormes. Y el Ratón de Campo salió volando de allí.
¿Por qué te vas, primo?
Porque prefiero...
Tocino y queso en paz, que pasteles y cerveza con miedo.
LA ZORRA Y EL CUERVO
Una Zorra vio a un cuervo que volaba con un pedazo de queso en el pico para posarse en una rama de un árbol.
Ese queso es para mí se dijo y fue hacia el árbol.
Buenos días señor cuervo. Pero qué bien luce usted hoy, qué brillante están sus plumas, que agudos sus ojos. Pero le apuesto a cualquier que su voz supera a los otros pájaros con su hermoso canto, seguro es que usted es el rey de los pájaros cantores.
El cuerpo no pudo contener su vanidad e inflado de contento comenzó a graznar, pero al hacerlo dejó caer el trozo de queso que la zorra se apresuró a cogerlo.
Eso es todo lo que quería le dijo al cuervo. A cambio de este trozo de queso, te daré un consejo para el futuro:
«Nunca confíes en los que te alaban demasiado.»
EL LEÓN MORIBUNDO
Un León alcanzaba los últimos días de su vida y agonizaba a la entrada de la cueva, sin aire ya. Sus súbditos animales, le rodearon y se le fueron acercando, según se iba debilitando y se hacía más indefenso. Cuando ya lo vieron que se moría, pensaron: «Éste es el momento para cobrarnos todas las que nos hizo.»
El Jabalí lo pinchó con sus colmillos, el Toro lo corneó mientras el León yacía indefenso. El asno, sintiéndose ya libre de peligro, se llegó y lo pateó en la cara. Con leve rugido le increpó el León:
Mi desgracia es la tuya.
Sólo los cobardes atacan la majestad agonizante.
EL BURRO Y EL PERRO FALDERO
Un Campesino, estaba un día en el establo viendo a las bestias de carga entre las que se encontraba su Burro favorito muy bien mantenido por el dueño que frecuentemente lo montaba. Junto al dueño, el Perro Faldero que siempre brincaba contento a su alrededor, le pasaba la lengua por la mano y mostraba su contento de estar con él.
Al llegar a la casa, el Campesino le dio un hueso al perro y se sentó a darles órdenes a sus sirvientes. El Perro Faldero saltó al regazo del Campesino y se acomodó mientras su dueño le acariciaba las orejas.
El Burro, viendo aquello, se soltó, comenzó a dar brincos imitando al Perro, como el Campesino se ría a mandíbula batiente, el Burro se arriesgó y saltó sobre el regazo del dueño y por poco lo mata. Los sirvientes corrieron y a palos le enseñaron al Burro que no tiene ninguna gracia hacerse el gracioso.
EL LEÓN Y EL RATÓN
Una vez, mientras el León dormitaba, un Ratoncito comenzó a correrle por encima, hasta que el León se despertó e inmediatamente con su garra atrapó al Ratón, y ya dispuesto a llevárselo a sus enormes fauces para comérselo, oyó que el Ratón le decía:
Perdóname, mi Rey, perdóname esta vez y algún te podré devolver el favor.
Tanta gracia le hizo al León las palabras del Ratón, que consideraba un alarde, que lo dejó ir.
Así pasó el tiempo, y unos cazadores atraparon en una jaula al León y lo ataron a un árbol mientras iba a buscar una carreta para cargarlo y llevárselo al Rey. Fue entonces que el Ratoncito lo vio en ese apuro, fue adonde el León estaba y, royéndole las sogas, liberó del cautiverio al Rey de las Bestias.
¿Tenía o no yo razón? le dijo el Ratoncito.
Amigos pequeños puede convertirse en grandes amigos.
EL CONSEJO DE LA GOLONDRINA
Sucedió que una vez un Campesino estaba sembrando unas semillas de cáñamo en un campo donde había una Golondrina y otros pájaros saltando y buscando qué comer.
¡Cuídense de lo que ese hombre está haciendo les aconsejó la Golondrina.
No está haciendo nada dijeron los otros pájaros.
Es el cáñamo que está sembrando. Lo mejor que hacen es recoger toda esa semilla o se van a arrepentir.
Los pájaros no le hicieron caso a la Golondrina y pasó el tiempo y crecieron los cáñamos, de los que el Campesino hizo cuerdas para tejer la red con que comenzó a atrapar los pájaros.
¿Qué les advertí? dijo la Golondrina.
Es que la mala semilla hay que destruirla, o cuando crezca será la causa de tu ruina.
LAS RANAS QUE QUERÍAN TENER UN REY
Había unas ranas que vivían felicísimas en una ciénaga perfecta para ellas. Se pasaban la vida nadando sin preocuparse por nadie y sin que nadie se preocupara por ellas. Pero a algunas de ellas se les ocurrió que aquello no estaba bien, que deberían tener un rey y una constitución adecuada. Por eso, le enviaron una petición a Zeus.
«Zeus Omnipotente, envíanos un rey que nos rija y que nos dé orden.» Zeus se rió a carcajadas de la petición y le tiró en la ciénaga un Tronco. Al principio las Ranas se quedaron paralizadas de terror ante la conmoción de su territorio y todas se fueron a la orilla del charco a ver al horrible monstruo. Pero después de un rato y ver que no se movía se acercaron al Tronco y saltando al mismo comenzaron a danzar. Así pasó un tiempo, las Ranas sin respetar a su nuevo Rey Tronco. Como éste no era de su agrado, le hicieron otra petición a Zeus: «Queremos un Rey de verdad, ¡que nos gobierne de verdad!»
Zeus irritadísimo esta vez, le envió de rey a una Cigüeña, que comenzó su trabajo devorándose a cuanta rana pudo. Fue entonces que las Ranas se dieron cuenta del error y de lo tarde que era para enmendarlo.
Es mejor no tener gobierno, que un gobierno cruel.
EL PARTO DE LAS MONTAÑAS
Una vez los Campesinos se reunieron a ver el parto de las Montañas. De sus cimas salía el humo, la tierra temblaba bajo sus pies, los árboles caían aplastados y rocas gigantes venían loma abajo. Todos estaban seguros de que algo horrible tenía que surgir de todo aquello.
Esperaron y esperaron, y finalmente, a un violento terremoto siguió la apertura de la tierra en un lado de las Montañas. Cayeron de hinojos y esperaron. Por fin, y al fin, un Ratoncito sacó la cabecita, saliendo de la apertura de la Tierra, y corrió hacia donde estaban los Campesinos que dijeron y después de ese día continuaron diciendo la frase:
«Tanto ruido y tan pocas nueces.»
LAS LIEBRES Y LAS RANAS
Las pobres liebres eran tan perseguidas por otros animales que ya no sabían adónde ir. Y estaban tan asustadas que nada más de oír que un animal se acercaba, se echaban a correr.
Un día, una estampida de caballos salvajes venía hacia ellas y viéndose sin salida se echaron a correr hacia un lago, dispuestas a ahogarse antes de seguir en ese estado de terror. Pero al llegar al banco del lago, un grupo de Ranas que allí estaba se aterrorizó ante la presencia de las Liebres y se lanzaron al agua. Una de las Liebres dijo: «Mira, tú, a éstos. Uno que se creía que estaba tan mal.»
Siempre encontrarás a alguien que está en peor situación que tú.
EL LOBO Y EL CHIVO
Un Chivo encaramado en el techo de una casa, vio que un Lobo pasaba por debajo, e inmediatamente lo colmó de improperios. «¡Asesino, ladrón! ¿Qué haces tú tan cerca de las casas de la gente? ¿Cómo te atreves a asomarte por estos lares donde se te conoce bien?»
«¡Diviértete, nene, mientras estés allá arriba!» contestó el Lobo.
Es muy fácil ser valiente a distancia.
EL LEÑADOR Y LA SERPIENTE
Un día de invierno, un Leñador se encaminaba a su casa cuando vio algo pardusco en la nieve. Se acercó y vio que era una Serpiente, aparentemente muerta. Compadecido, la cogió en sus manos y la puso en su pecho para que se calentara y se apresuró hacia la casa.
Tan pronto entró en la casa, colocó a la serpiente frente a la estufa que calentaba la casa. Los hijos la contemplaban asombrados y notaban que se recuperaba. Entonces, uno de ellos se agachó a acariciarla, pero la Serpiente levantó la cabeza y le enseñó los colmillos dispuesta a morderlo. Al ver esto, el Leñador agarró su hacha y de un golpe cortó a la Serpiente en dos. «Ah», dijo
«Los malos no agradecen.»
EL CALVO Y LA MOSCA
Había una vez un Calvo que se sentaba a descansar después del trabajo en los calurosos días del verano. Una Mosca se le apareció y empezó a sentársele en la calva, irritándolo con su conducta. El Calvo agarró un palo y le sonó un estacazo a la Mosca, ella voló rápida y el se golpeó a sí mismo. La Mosca volvió a fastidiarlo, pero esta vez el Calvo, más sabio después de su anterior acción, se dijo:
«Uno se daña a sí mismo si ataca con demasía a enemigos insignificantes.»
LA ZORRA Y LA GRULLA
Érase una vez, cuando la Zorra y la Grulla eran amigos y se visitaban con frecuencia, que a la Zorra se le ocurrió jugarle una broma e invitó a la Grulla a una cena, sirviéndole nada más que sopa en un plato muy llano. Por supuesto, la Zorra podía lamer la sopa fácilmente, pero la pobre grulla sólo podía mojarse la punta del pico, y terminó la cena con tanta hambre como cuando llegó.
¡Qué pena que no te guste la sopa le dijo la Zorra.
No te preocupes. Espero que ahora seas tú la que vayas a comer a casa.
Así fue. Un día la Zorra fue a comer a casa de la Grulla. Se sentaron a la mesa, donde la sopa estaba servida en una jarra de cuello estrecho y sólo la grulla podía meter el pico y absorber, pero a la Zorra no le cabía el hocico y tuvo que conformarse con lamer la boca de la jarra.
Y yo sí que no pido excusas le dijo la Grulla.
Una mala acción merece una igual.
LA ZORRA Y LA MÁSCARA
Un día la Zorra accidentalmente se metió en la utilería de un teatro. De repente se vio frente por frente con un rostro que la observaba y se llevó tremendo susto. Pero al observar el rostro de cerca se dio cuenta de que era sólo una Máscara, de las que los actores usan para cubrirse el rostro.
Ah dijo la Zorra luces muy real. ¡Qué lástima que no tengas cerebro alguno!
El valor del exterior es pobre sustituto para el valor interior.
EL ARRENDAJO Y EL PAVO REAL
Un Arrendajo voló un día al patio donde se encontraban los Pavos Reales acostumbraban a pasearse, y se encontró con algunas plumas que se les habían caído a los Pavos Reales durante la muda. Pues, el pobre pájaro, tratando de mejorar su feo plumaje, se ató las plumas al cuerpo y se encaminó hacia donde estaban los Pavos. Cuando estuvo bien cerca, los Pavos Reales se dieron cuenta del engaño y le fueron para arriba y a picotazos le arrancaron las plumas prestadas. El pobre Arrendajo no tuvo otra opción que volver con los suyos, que observaron su conducta a distancia, pero que molestos con él, le dijeron:
«No es sólo el plumaje lo que da nobleza.»
EL SAPO Y EL BUEY
Papá le dijo el Sapito al Sapo sentados ambos a la orilla de la laguna Tú sabes que vi un monstruo enorme ¡como una montaña! Tenía cuernos en la cabeza y un rabo larguísimo y las patas divididas en dos.
Tranquilo, niño le explicó el Sapo es el Buey del Campesino. Y no es tan grande. Quizá es un poco más grande que yo. Pero yo puedo aumentar de tamaño hasta ser igual que él.
Y el Sapo comenzó a inflarse y a inflarse.
¿Era así de grande?
No, papá, mucho más todavía.
Y el Sapo continúo inflándose e inflándose.
¿Así de grande?
No. Muchísimo más, mucho más.
El Sapo tragó más aire y más aire y se infló y se infló y se infló. Cuando iba a decir «Estoy seguro que el buey no puede ser más grande» ¡Bum! reventó como un balón.
La vanidad lleva a la destrucción.
ANDROKLÉIS Y EL LEÓN
Androkléis era un esclavo que se había huido de su ama para esconderse en el bosque. En su recorrido entre la espesura, se encontró a un León que se quejaba lastimosamente. Su primer impulso fue huir, pero dándose cuenta que el León no le caía atrás, regresó y se le acercó.
Fue entonces que el León le enseñó la pata, herida con una astilla. Androkléis le sacó la astilla y curó la pata del León, que pudo alzarse y hasta lamerle la mano, como un perrito. Entonces, el León llevó a Androkléis a su cueva y todos los días le traía carne para que se alimentara.
Con el tiempo, tanto el León como Androkléis fueron capturados, y el Androkléis fue sentenciado a que se lo comiera el León. El Rey y toda la Corte vinieron a ver el espectáculo. Llevaron a Androkléis al medio de la arena y soltaron al León que salió dispuesto a comerse a su víctima, pero cuando se acercó y supo quién era, la lamió las manos como un perrito. El Rey, sorprendido de la actitud llamó a Androkléis a su lado, quien le contó toda la historia. El Rey, conmovido, perdonó a Androkléis y soltó al León para viviera feliz en la selva.
La Gratitud es la marca de las almas nobles.
EL MURCIÉLAGO, LOS PÁJAROS Y LOS MAMÍFEROS
El Murciélago fue causa de gran conflicto entre los Pájaros y los Mamíferos, cuando entre estos últimos surgió un estado de guerra. Al formarse un ejército en cada bando, el Murciélago vaciló a cuál debía unirse. Los Pájaros le pidieron que se uniera a ellos, pero él les respondió que él era un mamífero.
Más tarde cuando pasaron los Mamíferos a preguntarle, él les contestó que no podía, porque él era un Pájaro. Por fortuna, no se llegó a una guerra y cada bando se preparó para una celebración. Entonces el Murciélago fue adonde los Pájaros y les expresó su deseo de unirse a ellos en los festejos. Pero éstos no lo quisieron allí y se tuvo que ir a ver a los Mamíferos. Pero tuvo que irse a toda carrera porque si no lo iban a hacer pedacitos. «Ya entiendo» se dijo
«El que no toma partido, no tiene amigos.»
EL VENADO Y EL CAZADOR
Un Venado que bebía del agua de una laguna se admiraba de lo hermosos que eran sus cuernos, pero se quejaba de tener las patas tan flacas, «en nada comparable a la majestad de sus cuernos». En ese momento, le pasó silbando una flecha por la cabeza. Y entonces aquellas patas flacas lo pusieron en minutos fuera del alcance del Cazador. Pero en su nerviosismo pasó por unos árboles de enormes ramas y los cuernos se le enredaron en las mismas atrapándolo, hasta que el Cazador pudo alcanzarlo. «Oh, mis Dioses»
«No sabemos apreciar aquellas cosas que de verdad nos son útiles.»
LA SERPIENTE Y LA LIMA
Una Serpiente andaba dando vueltas por ahí y entró inadvertidamente en el taller de un Armero. Arrastrándose por el piso, sintió de pronto como algo áspero le raspaba el pellejo. Se volvió furiosa y al ver a la lima que estaba molestándole le clavó los colmillos. Pero, como la lima era de hierro, fue la Lima la que le raspó los colmillos.
Inútil es atacar a lo que está acostumbrado a quitar no a recibir.
EL HOMBRE Y LOS ÁRBOLES
Entró al bosque un día un Hombre con hacha en mano, y le pidió a los Árboles que cada uno le diera un gajito, que los quería para una necesidad. Los Árboles que eran seres sencillos le dieron al Hombre un gajito cada uno. Con los gajitos ató bien el Hombre el mango del hacha, ajustándola bien para que el hacha en sí no se zafara, y a continuación comenzó a cortar árbol tras árbol. Los Árboles entonces se dieron cuenta de que le habían dado al enemigo el medio de la propia destrucción de ellos.
Hay que cuidar no dar al enemigo el arma con que nos mate.
EL PERRO Y EL LOBO
Un pobre y escuálido Lobo casi muerto de hambre se encontró con un perro doméstico.
Hola, primo le dijo el Perro Sabía que ibas a terminar así. Llevas una vida tan irregular que te va a matar. ¿Por qué no te consigues un trabajo fijo, como yo, y así tienes tu comida asegurada a tiempo?
No creo que tendría nada en contra dijo el Lobo Pero ¿dónde encuentro yo algo así?
Déjamelo a mí, ven conmigo a ver a mi dueño y compartirás el trabajo conmigo.
Así se dirigieron al pueblo Lobo y Perro. Pero en el camino, el Lobo se dio cuenta que el Perro tenía una marca en el pescuezo y le preguntó cómo tenía tan poco pelo allí.
No es nada. Es la marca del collar cuando el dueño me amarra por las noches. Me quema un poco, pero uno se acostumbra.
No me digas le dijo el Lobo Entonces ¡adiós hermano!
Más vale flaco y libre que gordo y esclavo.
EL VENADO EN EL ESTABLO
Un Venado corría desesperado perseguido por fieros perros de presa, hasta que por fin se refugió en el establo de las reses y se enterró en un paco de heno, de donde sólo se veían la punta de sus cuernos. Al poco rato, llegaron los Cazadores y le preguntaron a los muchachos del establo, que habían dormido una siesta durante todo esto, si habían visto al Venado. Éstos miraron a su alrededor y no vieron nada, y los cazadores se fueron. Al poco rato, llegó el Dueño, quien inmediatamente se dio cuenta de algo extraño.
¿Qué son esos pinchos que salen del heno?
Los muchachos fueron a ver, escarbaron en el heno y se encontraron con el ciervo al que capturaron.
No hay como el ojo del amo para darse cuenta de algo raro.
LA ZORRA Y LAS UVAS
Érase uno de esos veranos calientes y la Zorra se paseaba por la viña y de pronto se vio ante una parra de donde colgaba un hermoso racimo de uvas, pero de una rama alta.
Es lo que necesito para aplacar mi sed.
Se echó unos pasos atrás para coger impulso, corrió, saltó y falló. Volvió a hacer la misma operación, uno, dos y tres, cogió impulso, corrió, saltó y volvió a fallar. Así trató de alcanzar las uvas varias veces sin lograrlo. Entonces, miró a las uvas con desdén, se volvió hacia el camino mientras rumiaba: «Seguro que están ácidas.
Es fácil despreciar lo que no se puede conseguir.
EL CABALLO, EL CAZADOR, Y EL ALCE
El Caballo había tenido una pelea con el Alce y, buscando vengarse, fue a ver al Cazador para pedirle que le ayudara en la venganza. El Cazador, astuto, estuvo de acuerdo, pero le numeró ciertas condiciones:
Primero tienes que permitirme que te ponga esta pieza de hierro entre los dientes, para que te pueda guiar con estas con estas riendas. Además, necesito ponerte esta montura en tu lomo para poder ir contigo a buscar a tu enemigo.
El Caballo estuvo de acuerdo en todo. Y pronto el Cazador lo ensilló y le puso las bridas. Así se dirigieron ambos hasta encontrar al alce, al cual el Cazador mató. Entonces, el Caballo le pidió al Cazador:
Ahora ¿Puedes quitarme todas estas cosas de la boca y mi lomo?
Seguro que no. Ahora, que te tengo como yo quería, no voy a dejarte ir.
Si permites que te usen para tu propio egoísmo, te usarán para el egoísmo ajeno.
HÉRA Y EL PAVO REAL
Un Pavo Real le pidió a la Diosa Héra que le diera una voz como la del ruiseñor. Pero Héra se negó. Al insistir el Pavo Real, pregúntale que por qué si él era su ave favorita, ella le explicó:
«Conténtate con lo que tienes, que es bastante. No se puede tener todo en la vida.»
LA ZORRA Y EL LEÓN
La primera vez que la Zorra vio al León quedó aterrorizada y corrió a esconderse en el bosque. La próxima vez que lo vio, se atrevió a acercársele para ver cómo se paseaba el Rey de los Animales. La tercera vez le llegó frente a frente, y hasta le preguntó por la familia, y que cuándo tendría de nuevo el placer de verle. Entonces, sin que dejara al León responder, le dio la espalda y se fue sin mucha ceremonia.
La confianza genera falta de respeto
EL LEÓN Y LA ESTATUA
Estaban un Hombre y un León hablando sobre la fuerza relativa entre hombres y leones. El Hombre decía que él y sus congéneres eran más fuertes que los leones por la inteligencia superior del hombre.
Ven, que te voy a demostrar que tengo razón le dijo el Hombre al León.
Y lo llevó a un parque y le enseño la estatua de Heraklés venciendo a un León al que le partía en dos la quijada.
Todo eso está muy bien dijo el León pero eso no prueba nada ¿quién hizo la estatua? Un hombre.
Los que hacen la imagen, la hacen a su manera.
LA HORMIGA Y EL SALTAMONTES
Brincaba el Saltamontes un día veraniego, cantando a todo lo que daba su garganta. Pasó entonces una Hormiga que, con muchísimo trabajo, llevaba su carga de comida al hormiguero.
¿Por qué no charlamos un rato dijo el Saltamontes en lugar de estarte matando de esa forma?
Es que estoy ayudando a almacenar comida para el invierno contestó la Hormiga. Te recomendaría que te pusieras a hacer lo mismo.
A mí no me preocupa el invierno dijo el Saltamontes tengo bastante comida ahora.
La Hormiga continuó su camino, moviendo la cabeza con desaprobación.
Llegó el crudo invierno y el Saltamontes sin nada que comer se estaba muriendo de hambre. Mientras, las Hormigas se repartían los granos de los almacenes que habían logrado en el verano. Fue entonces que el Saltamontes supo
Lo importante es prepararse para una necesidad.
EL ÁRBOL Y LA HIERBA
Chiquita le dijo el Árbol a una Hierba que crecía a sus pies ¿Por qué no agrandas tus raíces y creces orgullosa con la cabeza alta en el aire, como yo?
Estoy contenta como soy contestó la Hierba Alta más protegida que tú, más segura.
¿Segura! Yo sí que estoy seguro. A mí nadie me puede arrancar de raíces o hacerme bajar la cabeza al suelo.
Pero en eso un poderoso ciclón arrancó al Árbol de raíz, mientras que la Hierba, doblándose ante el poderoso Viento volvió a levantarse tan pronto pasó el ciclón.
A veces no conviene ser altivo.
LA ZORRA Y EL GATO
Estaba la Zorra haciendo alardes al Gato de los cientos de trucos que ella tenía para escapar de sus enemigos.
Yo tengo le decía cientos de trucos para escapármeles.
A lo que el Gato contestó:
Yo nada más tengo uno, pero siempre me ha salido bien.
En ese instante se les aproximaba una manada de Perros.
Éste es mi plan dijo el Gato y se encaramó veloz en un árbol y se ocultó en las ramas ¿Y tú qué vas a hacer?
Bueno, yo. . .
Una idea le venía detrás de la otra, pero la Zorra no lograba decidirse por ninguna. En la confusión y por su falta de decisión llegaron los Perros, la atraparon y mataron.
El Gato desde arriba contemplaba la escena mientras pensaba:
«Es mejor tener una sola idea que funcione que ponerse a probar entre cientos de ellas.»
EL LOBO Y LA PIEL DE OVEJA
Por culpa de la vigilancia del Pastor y sus Perros, el Lobo estaba teniendo dificultades en conseguirse una oveja. Un día se encontró en su camino la piel abandonada de una oveja. Se la puso encima y comenzó a pasearse entre las otras ovejas. Un cordero de la oveja cuya piel el Lobo se puso de disfraz comenzó a seguirlo. El Lobo condujo al Cordero a un lugar apartado, y se lo zampó. Así lo hizo con frecuencia, teniendo buenas comidas por largo tiempo.
Las apariencias engañan.
EL PERRO EN EL PESEBRE
Un Perro se tiró a dormir una siesta en el pesebre del Buey, quien al regresar de su dura faena, fue a comer un poco de heno. Pero el Perro, irritado por haber sido despertado de su tranquilo sueño se paró y comenzó a ladrarle, hasta que el pobre Buey tuvo que irse, aunque murmurando:
«¿Por qué será que la gente tiene que cogerla con otro cuando no pueden disfrutar algo.»
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