Change is the Only Constant
7/23/08



You Comments and
Questions

TYPESETTING

Spanish Style Sheet (PDF file) and Typesetting Rules. (PDF)
Bilingual. For Those Who Need To Publish In Spanish.
Also: Most Symbols and Accents Codes for Macs, PCs and html

Accents and Symbols

JUST PUBLISHED!

AMERICA [?]
MISUNDERSTOOD

Buy my book at Lulu!
Cubanito!
(El Diario de un Cubanito)
NEW COMPLETE ENGLISH EDITION
If you thought that the
DA VINCI CODE
WAS CONTROVERSIAL, WAIT UNTIL YOU READ:



REWESPAGE
UN DENTISTA EN LAS GALÁPAGOS

Por Ralph Rewes


Allá por los bulliciosos años treinta, un dentista de Berlín, el Dr. Friedrich Ritter, aburrido de la civilización y el charleston, decidió alejarse del mundanal ruido e irse a vivir a un lugar tranquilo y apartado del mundo. Para ello escogió la isla Floreana en las Galápagos ecuatorianas, islas puestas en el mapa por Darwin.

Dentista al fin, el Dr. Ritter sabía lo terrible que sería un dolor de muelas en el paraíso natural que buscaba. Por eso, decidió extraerse los dientes — todos los dientes, muelas, colmillos, etc. — y remplazarlos con una dentadura de acero.

Su esposa se alteró tanto con la idea de tener que sacarse los dientes que le pidió el divorcio inmediatamente. Además esa idea de irse a vivir en sabediós dónde no le atraía para nada. Fue más complaciente su ayudanta, Dora Körwin, quien apoyaba vehemente sus ideales.

Así, Friedrich y Dora — después de sacarse los dientes y ponerse sendas dentaduras postizas de acero — se embarcaron para la isla Floreana. Allí construyeron una finca que llamaron Friedo (palabra formada con la primera sílaba de sus nombres y que recordaba la palabra alemana para paz, Frieden).

Los primeros años pasaron en calma, sin enfermedades ni preocupaciones. La isla proveía lo necesario. Sin embargo, como dice un dicho que «en casa del pobre la dicha dura poco» en agosto de 1932 se le antojó hacer lo mismo a otra familia alemana, compuesta por Heinz Wittmer, su esposa y un hijo de 13 años.

Enterados por los periódicos del paraíso de los Ritter, los Wittmer decidieron compartirlo con ellos. Aunque no fue esta familia la que causó los grandes trastornos que siguieron, quizá su interés en compartir la isla con los Ritter recibió demasiada atención pública. La cuestión fue que dos meses más tarde llegó a la isla un elemento perturbador en forma de mujer y de mujer muy fuera de lo común.

La baronesa (quien había adquirido ese título por matrimonio) austriaca Eloísa Wagner de Bousquet arribó a Floreana, acompañada de dos personajes muy peculiares, Robert Philipson (Kiddy), un hombre muy atractivo, joven fuerte y musculoso, y Rudolf Lorentz, también joven, pero de aspecto enfermizo a quien la baronesa humillaba y trataba como a un criado.

Al fundar la baronesa la Hacienda Paraíso terminó la paz para los tranquilos habitantes de la isla. A pesar de sus cuarenta y tantos, la baronesa se comportaba como una muchacha alocada. Sus osadías y frecuentes algarabías alteraban a su vecino el Dr. Ritter, especialmente cuando la baronesa recibía barcos llenos de amistades, a las que ofrecía toda clase de bulliciosas regalías, incluyendo orgías a la luz de la luna y las estrellas.

La baronesa acostumbraba a recibir a sus huéspedes entre los cojines de su alcoba en pose de reina. Pronto se hizo llamar por todos la Emperatriz de las Galápagos y mantenía su dominio por las armas.

Siempre llevaba consigo dos revólveres que, a pesar de que practicaba al tiro con las gallinas de Ritter, los disparaba con muy mala puntería — suerte para Lorentz, Kiddy y el Dr. Ritter, con quienes frecuentemente tenía violentos altercados.

En sólo dos años, la baronesa convirtió a la isla en un verdadero manicomio, y según rumores no confirmados, de vez en cuando algunos de los huéspedes desaparecían sin dejar rastro.

La trayectoria de la baronesa terminó de manera trágica y misteriosa. Un día, Lorentz corrió a casa de los Ritter a pedirles ayuda. Les dijo que una embarcación había recogido a la baronesa y a Kiddy. Como él tenía terror de quedarse solo en Hacienda Paraíso, les pidió albergue por esa noche.

Al siguiente día, Lorentz se fue en la embarcación de un noruego que transportaba visitantes a la isla. Con ellos también iba un nativo de apellido Pazmiño. Varios días después, los cadáveres del noruego y de Lorentz aparecieron deshidratados en la isla Marchena. Pazmiño, como la baronesa y Kiddy, jamás aparecieron.

La situación adquirió matices aún más extraños cuando el EU americano G. Allan Hancock en vía hacia las Galápagos en su yate Velero III, recibió un mensaje del Dr. Ritter que decía «cosas horrendas están sucediendo en la isla.» Cuando llegó a Floreana, Hancock se enteró de la horrible noticia: Friedrich Ritter había muerto la noche anterior, después de comerse un pollo envenenado. Dora Körwin se encontraba en un violento estado de confusión mental.

Nadie supo jamás qué sucedió en realidad, ni quién había envenenado el pollo, ni el destino de las personas desaparecidas. Sólo la familia Wittmer se mantuvo al margen y siguió viviendo en Floreana hasta mucho tiempo después de la tragedia.

®®®

Actualizado el sábado, 27 octubre 2007