| MARTÍ, PARA EL TRAJÍN DE LOS CUBANOS
Al principio de la revolución terrorista, guerrillera-militar y comunista cubana se llevó a cabo una campaña estúpida de ensalzar la imagen del escritor cubano José Martí, como el paradigma de todo lo mejor de Cuba. Se prepara el camino para usar la religiosidad monoteísta para reemplazarlo luego por otro líder mesíanico.
Se reprodujeron bustos por miles, y hasta una película del régimen tuvo que burlarse de la barrabasada, La Muerte de un Burócrata. Pronto hasta en los baños públicos había cabezas decapitadas y enormes del patriota.
Las cabezonas son en realidad una copia de una deformación fotográfica de una foto tomada desde arriba. Ni Martí era cabezón ni tenía sangre de santo para que le pusieran flores. El idiota que comenzó esa moda creyó que así simbolizaba la intengencia extraordinaria y dividina de José Martí.
El resultado de aquella repugnante campaña del régimen comunista fue que la juventud aburrida de tanta babosería seudo religiosa le cogió repulsión a lo martiano. Y la sola mención del nombre o su vida y obras eran motivo de burlas, así surgieron apodos como "Pepe Ginebrita," "Pepón Cabezón" y otros por el estilo.
Hoy, en el exilio, cientos de cubanos padecen de la misma babosería en los medios, principalmente en Radio Mambí, donde Pérez Roura con buena intención (el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones), ha hecho del pobre poeta objeto de detonantes y constante repeticiones pseudopoesías que recita al estilo de la Sonia Benguría, declamadora cursi del pasado, y de alabanzas al señor apóstol, una y otra vez, todo el día, toda la noche, para celebrar el nacimiento, la muerte, los amores tórridos, etc. del patriota cubano, víctima del picuismo mesíanico que claramente se esboza detrás de la frase beata y obtusa de, «Martí no debió de morir».
Sí, los cubanos prominentes se pasan la vida hablando de Martí y acotando de sus obras, como los fanáticos cristianos acotan los versículos de la biblia. Pero pocos leen sus obras. o se leen sus poesías. Y así, están logrando que la gente, especialmente joven, rechacen erróneamente a Martí, por las tonterías que de él se dicen y repiten y repiten y repiten...
Mmm. ¿Qué hay de malo en esto si no es más que cursilería barata? Hay mucho de malo. En los Estados Unidos se admira y respeta a George Washington, pero también se les da crédito a todos los demás patriotas, Jefferson, Franklin, Lincoln, etc.
Decir que Martì fuera el cubano más grande que haya dado Cuba es una falta de respeto a todos los que han querido, luchado, han sido presos o asesinados -- en vano -- por tener en Cuba a un país civilizado y democrático. Martí fue uno de los grandes cubanos de todos los tiempos, pero no el más grande. Ese Martí inflado con aire de demagogia no es el José Martí real, es un globo de la feria política que llevan en comparsa ambos lados.
Es una ignominia para todos los grandes cubanos de ayer y de hoy, a los genios musicales, compositores, médicos, científicos, que permanecen prácticamente en el anonimato por culpa de la concentración en la adoración de un solo hombre, germen del amor a los dictadores y al totalitarismo rampante ya engranado por la religión monoteísta en el corazón de los cubanos. «Hay que amar a un dios al que no se le discute. Hay que seguir a un líder al que no se le puede discutir.»
Igual pasa en toda la América Latina con los bolívares, los panchovillas, los sanmartines, los sandinos que inventan fuera de contextos los demagogos políticos de esas tierras llenas de masas ignorantes y confundidas.
¡Qué pena!
|